domingo, 8 de junio de 2008

Taller: El poder de la interacción humana. Dinámica Comunicativa en la Empresa.

Objetivos:

1. Posibilitar que los participantes dominen un arsenal de herramientas técnicas poderosas para un mayor aprovechamiento de los vínculos interpersonales en los diferentes ámbitos de su vida: personal, familiar, empresarial y social.

2. Contribuir a lograr una disposición humanista ante el problema de las relaciones con los demás que le permita encontrar un camino de desarrollo personal y enriquecimiento espiritual.

Dirigido a: Gerentes, Directores de Recursos Humanos, Administradores, Profesionales y Estudiantes de Psicología, Comunicación, Administración de Empresas.

Organización General:
Duración 10 horas.
Fecha: 21 y 28 de Noviembre de 2008.
Hora: 5:00 p.m. a 10:00 p.m.
Costo del taller: $ 500.00 MN

Informes:

Instituto de Investigaciones Psicológicas
Edificio Gallego. Blvd. Agua Caliente 10535 Col. Aviación. Tijuana, B. C. México.
Teléfonos: 6 879438, 6 861610 y 6 866318.
Consultores_ambos@live.com

proyecto.ambos@gmail.com
Blog:
http://consultores-ambos.blogspot.com/

Impartido por:

Julio César González Morales.
Doctor en Ciencias Psicológicas. Profesor Titular de la Universidad de la Habana. Profesor Colaborador de la Universidad de Tijuana.

miércoles, 4 de junio de 2008

La inferencia.

¡Se levanta el telón!
Julio César González Morales.
PHD. En Ciencias Psicológicas.

En una reunión rutinaria de trabajo de un departamento, el jefe comenta sobre las dificultades que está teniendo el grupo para darle solución rápida y eficaz a las demandas de algunos clientes. Se encuentran siete personas alrededor de una mesa, prevalece un clima de atención, donde solo se escucha la voz del líder.

De repente, uno de los miembros del grupo pasa una nota escrita en un papel doblado a otro de los integrantes. Este la recibe contrariado, pues se ha visto forzado a apartar su atención de lo que se está explicando. Unos segundos más tarde, abre la nota discretamente y la lee. Trata de aparentar que nada ha ocurrido, sin embargo, no puede evitar una sonrisa, que no pasa inadvertida para ninguno de los presentes.

El jefe, algo molesto, comienza a reflexionar, en silencio, sobre lo ocurrido, sin poder evitar las contracciones involuntarias de su rostro. Parecería que a estos no les interesa lo que estoy diciendo. En vez de estar preocupados por las cosas de la empresa, están divirtiéndose con lo que uno dice. Seguro que ellos creen que lo harían mejor, o a lo mejor se creen superiores que yo, o más inteligentes. No parecen dispuestos a tomar en serio los problemas del departamento. Me consideran un incompetente y no se identifican con la organización. No puedo confiar en ellos. ¡Los apartaré del proyecto!

En muy breve lapso, nuestro personaje, ha transitado por lo que se conoce como escalera de inferencia[1]. Ha percibido una situación, seleccionado algunos datos, los ha interpretado de cierta manera, les ha atribuido un sentido, ha establecido supuestos, ha conformado unas creencias, llegado a conclusiones y ha tomado una decisión.

Ese proceso lo realizamos muchas veces en el día, en virtud de las peculiaridades de nuestra mente que nos posibilita interpretar rápidamente las complejas situaciones que se nos presentan y producir aprendizajes rápidos. Lo que ocurre es que no siempre utilizamos al máximo nuestras potencialidades y con frecuencia realizamos aprendizajes equivocados que nos hacen cometer serios errores.

Siguiendo este camino muchas veces clasificamos a las personas y las etiquetamos como malas personas y por supuesto, actuamos en consecuencia.

La inferencia es una herramienta mental muy necesaria, solo que debemos aprender a utilizarla adecuadamente.

Tendría sentido educarnos primero en buscar una reflexión más profunda acerca de los datos que recibimos constantemente de nuestras situaciones comunicativas. Con frecuencia, la reflexión requiere de otras informaciones que no podemos obtener si no indagamos.

Indagar consiste en preguntar al resto de los actores, con vista a obtener las respuestas necesarias para profundizar los pensamientos y esclarecer de los sentimientos. Es una actitud de búsqueda necesaria para comprender adecuadamente a nuestros semejantes en la situación. Comprender antes de ser comprendido es un principio comunicativo que favorece una actitud indagatoria.

El otro recurso es el alegato, que implica expresar nuestros sentimientos y nuestras dudas con la apertura necesaria para el esclarecimiento mutuo. Alegar implica expresar el criterio propio, de manera que los otros actores implicados puedan comprender la manera en que estamos interpretando los datos, los sentimientos, deseos y acciones.

Reflexionar a través de la indagación y el alegato son recursos disponibles para que nuestras inferencias tengan un sustrato positivo y profundo y puedan acercarse a comprender mejor las realidades de las intrincadas redes ínter subjetivas por las que viajamos cotidianamente.

En el ejemplo analizado, hubiese sido oportuna una conversación esclarecedora entre los actores implicados que le permitiera al jefe verificar los supuestos que construyó sobre la situación y someter a critica sus conclusiones y decisión.

Tiene mucho sentido recapacitar sobre esto y tratar de que los procesos de inferencia que inevitablemente acompañan a la comunicación cotidiana, aparezcan siempre acompañados de las exigencias siguientes:

Proporcionar mayor conciencia crítica y solidez emocional a nuestros razonamientos. Reflexionar afectivamente.

Expresar nuestros sentimientos y pensamientos más significativos. Alegato.

Indagar los razonamientos y sentimientos de los demás. Indagación.
[1] Ver Chris Argyris, citado por Peter Senge: La quinta Disciplina en la Práctica. pp.254